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Ética periodística

Omar Raúl Martínez

Si la ética es un paradigma de la conducta valiosa que el

hombre debe realizar, o una guía de criterios valorativos

con fortaleza racional para orientar nuestras acciones hacia

virtuosos destinos, o un control interior que el individuo impone

sobre sí mismo a fin de armonizar su relación con los otros,

entonces podemos sostener que la ética periodística es el

conjunto de valores o principios de actuación deseables que

hace suyos un informador para encarnar los objetivos que a su

entender debiera cumplir el periodismo que él valora y respalda.

La ética periodística, pues, no guarda distancia alguna de la

ética a secas, sin apellidos: sólo hay que aplicarla al ejercicio

Hablar de ética supone referir móviles internos llamados

valores que a su vez se manifiestan en ciertas pautas de

comportamiento, o en determinadas creencias, actitudes,

decisiones o preferencias personales.

¿Qué es lo que te motiva, te gusta, te “mueve” y quieres

para ti y los otros? En aquello que respondas se asomarán

esos “resortes” de vida que llamamos valores. Y en el caso

del periodismo, las respuestas habremos de vincularlas

indefectiblemente a ciertos valores rectores como el apego

a la veracidad, la búsqueda de independencia, la asunción de

responsabilidad, el compromiso de integridad profesional y el

afán de servicio a la comunidad.1

No podemos, sin embargo, caer en confusiones: la ética

periodística no es lo mismo que un catálogo de deberes en el

quehacer informativo; es más bien un motor unipersonal, un

querer hacerlo, una búsqueda constante por ser mejor…

La ética tampoco representa un estatus superior de conciencia

profesional con el fin de criticar, escrutar o echar en cara las

carencias o sombras ajenas para beneplácito público, sino

una intransferible licencia cuyo propósito sea reconocer las

propias fallas o debilidades al igual que las potencialidades o

virtudes para enriquecimiento de cada quien y, a la postre e

indirectamente, de los otros.

Para precisarlo sin rodeos: hablar de ética periodística no

significa sacar los trapos sucios de las otras personas e

instituciones mediáticas para asumir una actitud fiscalizadora

o descalificatoria hacia ellas; en todo caso ha de implicar

la oportunidad de revisarse profundamente a sí mismo

el periodista en relación con los demás. Ciertamente tal

disposición personal puede trascenderse si los mismos

periodistas y medios informativos asumen la iniciativa de

trabajar en conjunto, lo cual supondría un salto hacia la

autorregulación informativa que requiere de mecanismos

indispensables para funcionar y entre los cuales destaca la

deontología, es decir, los códigos de ética periodística.

En ese sentido, para clarificar fronteras y alcances

conceptuales, vale resaltar que, a diferencia de la ética como

tal, la deontología periodística constituye la definición pública

de los deberes éticos asumidos por los integrantes de uno o

más medios informativos con la idea de promover la integridad,

el profesionalismo y la responsabilidad social.

Los códigos deontológicos suelen congregar las diversas

percepciones y aspiraciones unipersonales en torno a

la ética periodística. Pero éstas difícilmente lograrán

fructificar, en principio, si se carece del convencimiento, la

voluntad y la convicción a título personal (ética) y mediático

(autorregulación-deontología). Porque para ascender

éticamente es menester concienciar, comprender y luchar

frente a los juicios y prejuicios sociales sobre el trabajo

informativo, frente a los acendrados vicios del periodismo

nacional, frente a las –a veces– insalvables inercias del propio

medio y sus oficiantes, e incluso frente a los conflictos y

programaciones arraigadas en la misma familia y la escuela, y

hasta frente a los temores y prejuicios personales.

Poner en perspectiva tales factores resulta imprescindible para

entenderse a si mismo y poder clarificar valores y aspiraciones

en el ámbito periodístico. No obstante, ese representa sólo

uno de los tantos pasos indispensables hacia la construcción

de una conciencia ética en cuyo camino, de acuerdo con

Robert Fischer, se tornan básicas tres vertientes: a) el ejemplo:

modelos o prototipos de valores en acción; b) el debate:

exploración y discusión compartidas de temas y problemas

comunes; c) el estímulo: apoyo, aliento y respaldo a pensar,

discutir y actuar de acuerdo con lo que se plantea.

En tal contexto a continuación se aportan referentes

conceptuales con el objetivo de coadyuvar a la reflexión y

la discusión y, desde luego, promover o incentivar miradas

y actuares que perfilen un periodismo auténticamente

profesional, integro y responsable.

¿Quién define los valores de la ética periodística? Desde

luego no emergen por arte de magia, sino a partir del trabajo

y aspiraciones de los reporteros y editores, de los dilemas

y contrariedades de los dueños y directivos de las empresas

periodísticas, de las búsquedas de las asociaciones gremiales,

y de las reflexiones y análisis de académicos e investigadores.

La importancia de los valores éticos –asegura Javier Darío

Restrepo en El zumbido y el moscardón– radica en que

despiertan cualidades que le imprimen a la vida y a la profesión

un carácter más digno, además de que sin ellos se cae en la

mentira –que es una manifestación del odio–, en la negación

del otro y en la corrupción.

Al enfocarnos a la ética periodística, pues, consideramos

necesario distinguir cinco valores rectores a partir de los cuales

se desprenden ciertos valores específicos.

Los susodichos principios centrales son el apego a la veracidad,

la búsqueda de independencia, la asunción de responsabilidad,

el compromiso de integridad profesional, y el afán de servicio a

1. Apego a la Veracidad

Este valor central supone la piedra angular del periodista.

Apegarse a la veracidad (más que presentar la verdad misma4),

significa ajustarse profesionalmente y en todo momento a la

fidelidad de los hechos con exactitud, equilibrio e imparcialidad,

apoyándose en la corroboración y la contextualización de las

5

Para asegurar la veracidad, resulta conveniente que el

periodista tome en cuenta los siguientes valores:

a) Honestidad: Utilizar sólo recursos justos, rectos y

lícitos para obtener información o material de interés

periodístico. Implica además no falsificar ni suprimir

informaciones relevantes.

b) Equilibrio: El manejo equitativo o ponderado en la

selección de las fuentes de información involucradas en

cada cobertura. También supone el manejo ecuánime y

sensato de la información al momento de procesarla y

c) Exactitud: Adherirse fiel y puntualmente a los hechos,

los datos y los dichos. Se hace exigible la precisión y

certidumbre en la consignación de los acontecimientos.

La “disposición de un hombre a transmitir a los demás

la impresión exacta de que experimenta”, es lo que

Jeremías Bentham entiende por veracidad.

d) Imparcialidad: Su significado esencial apela a la

justicia en el ejercicio de las funciones periodísticas

a fin de que no interfieran filiaciones ideológicas o

preferencias personales –para favorecer o perjudicar a

ciertas personas, grupos o entidades– al momento de

seleccionar, procesar y divulgar noticias.

Para el International Center for Journalists de Estados Unidos,

los valores de exactitud e imparcialidad “definen la intersección

donde la ética periodística se encuentra con los estándares

profesionales que guían el trabajo diario de un reportero”. Por

ende, los periodistas deben:

–Probar la veracidad de la información por todas las fuentes y ser
cuidadosos para evitar errores inadvertibles.
–Buscar diligentemente, personajes involucrados en las noticias para
darles oportunidad de contestar a cualquier alegato de injuria.
–Identificar las fuentes cuando sea esto factible.
–Averiguar siempre los motivos de las fuentes, antes de prometer el

El compromiso con la veracidad pasa no sólo por la adhesión

a la realidad sino también por la confirmación del contenido

informativo y el aporte de la mayor contextualización posible.

Ser veraz, a fin de cuentas, se traduce en reconocimiento

y credibilidad hacia el medio y el informador. Por todo ello,

honestidad, equilibrio, exactitud e imparcialidad son los valores

que configuran y definen los estándares mínimos exigibles para

lograr el apego a la veracidad, imprescindible en el quehacer

2. Búsqueda de Independencia

Una aspiración deseable para describir, analizar y comentar

los sucesos con veracidad y responsabilidad, evitando la

intromisión o interferencia de actores políticos, intereses

partidistas, empresas comerciales y organizaciones de

cualquier otra índole en el proceso informativo.

Lo cierto es que se trata de una búsqueda interminable

pues nunca faltan personajes, empresas e intereses de todo

tipo propensos a omitir, distorsionar o mutilar información

que les pueda ser adversa y, en función de ello, ponen

diques, lanzan amenazas o condicionan apoyos; aunque

también resulta innegable que suelan presentarse posibles

restricciones autoimpuestas por la misma empresa mediática

como estrategia para ganar o mantener inserciones o pautas

El mayor número de casos de dilemas éticos en América

Latina, asegura Javier Darío Restrepo, se vinculan con la

Para construir una auténtica libertad informativa es indispensable
fomentar un ejercicio independiente. Porque la independencia es al
periodista lo que la vista y el pulso al cirujano. Sin independencia es

imposible la verdad en los medios. 10

Las presiones para afectar la independencia, nos recuerda el

mismo Restrepo, son de dos tipos: a) externas: la persecución

o intimidación vía las leyes; el arrinconamiento o debilitamiento

económico mediante la publicidad o a través del cohecho; y

las amenazas a la integridad física e incluso el asesinato; y

b) internas: la arrogancia y la egolatría de los periodistas, las

cuales suelen servir a políticos y empresarios para inhibir la

crítica o la abierta suspicacia, o para despertar gestos de

gratitud o aplauso.11

No obstante, aun frente a los escenarios adversos, en la

búsqueda de independencia informativa han de tenerse

presentes los siguientes valores:

a) Libertad: Facultad del periodista para ejercer su

quehacer profesional sin restricciones y con sentido de

responsabilidad, considerando en todo momento las leyes

y los valores éticos. Se atiene al ejercicio de las garantía

de expresión avaladas por la Declaración Universal de los

Derechos Humanos en su Artículo 19.

b) Coraje intelectual: Se refiere a la fortaleza y valor racional

por defender sus creencias, acciones y decisiones

destinadas a proteger los valores implícitos en la

veracidad informativa. Walter Cronkite, otrora uno de

los periodistas con mayor credibilidad en Norteamérica,

observa la independencia periodística como una forma de

coraje intelectual:

Necesitamos coraje para rechazar una suerte de conformidad, de
camaradería existente entre nuestros colegas. Si creemos que
percibimos la verdad mientras otros a nuestro alrededor parecen
ciegos a ella, necesitamos el valor de tener nuestras convicciones.
Necesitamos coraje para rechazar la tibieza confortable de nuestros
vecinos y para enfrentar el ostracismo social de la búsqueda de la

c) Dignidad profesional: Actitud de seriedad y decoro frente

a circunstancias adversas relativas a la pertinencia de un

periodismo responsable y crítico.

d) Autonomía de criterio: Procurar la imparcialidad en

la observación, el registro y el análisis de los hechos

noticiosos, manteniendo la distancia respecto de los

intereses involucrados en la información y favoreciendo

en todo caso las más altas convicciones de integridad

periodística.

3. Asunción de Responsabilidad

Este valor rector hace referencia a la capacidad de respuesta

racional ante las implicaciones o decisiones o consecuencias

de las tareas informativas, anteponiendo el beneficio social y la

defensa y promoción de los principios democráticos.

La responsabilidad del periodista13 trasciende la mera

observancia de las leyes. Es decir: supone una consideración

ética respecto del tratamiento de los asuntos públicos

abordados en las informaciones. Asimismo, conlleva no sólo el

compromiso del periodista de responder en torno a sus propios

actos frente a los ciudadanos, frente a su medio informativo,

frente a sus fuentes de información y frente a sí mismo y su

conciencia ética; también incluye la voluntad de aceptar las

consecuencias de sus decisiones o conductas y, ante todo, la

indeclinable voluntad de llevar a cabo su tarea profesional con

la mayor calidad y entrega posibles.14

Considerando tales señalamientos, es deseable que el

periodista se apropie de los siguientes valores:

a) Respeto: Consideración a la dignidad humana a que tiene

derecho toda persona, así como acatamiento a las normas

establecidas que guarda el periodista frente al sistema

jurídico o la institucionalidad democrática e incluso

ante los valores nacionales, universales y la diversidad

de las culturas.

del Respeto de la actividad informativa a múltiples

valores éticos y sociales: el respeto incondicional a toda

vida humana; el respeto a la verdad pública como ideal

específico; el respeto a la libertad de expresión pública

responsable; y el respeto a todos los derechos humanos

15

Niceto Blázquez amplía el especto

16

b) Sensibilidad: Facultad del informador para soltar su

percepción al sentido de humanidad, la compasión,

la piedad y la ternura frente a los asuntos de interés

público, lo cual tenderá a influir en la captación, el

procesamiento y la divulgación informativa sin afectar el

apego a la veracidad. A ese respecto algunos periodistas

y estudiosos del tema plantean que “la empatía es la

mejor aliada de la responsabilidad”17, y por consiguiente

sugieren nunca olvidar tanto a los niños como a la familia

de los actores principales de la información.

c) Tolerancia: Virtud que posibilita disentir de los juicios,

ideologías, decisiones o actos de las personas sin

alterarse ni impacientarse al grado de que ello se

manifieste en el tratamiento informativo. Tolerar, desde

la mira de la ética periodística, supone no sólo aceptar

las diferencias implícitas en los actores de los hechos

noticiosos sino también capacidad para comprenderlas y

describirlas o explicarlas en su justa dimensión.

d) Principio de Humanidad: Valor humano que apela, según

Edmund Lambeth, al “deber natural” de proporcionar

ayuda al prójimo en caso de necesidad, así como de no

dañar en forma directa y deliberada a los demás.

tipo de comunicación genera un efecto y el periodismo

pretende servir por antonomasia, no dañar el cuerpo

social. “Ser responsable –asienta Restrepo– implica ser

conciente del poder del instrumento que se usa”.

esta dimensión, el reportero ha de tener en cuenta que la

información puede afectar vidas humanas y que “el daño

causado no puede jamás ser totalmente reparado”.

e) Ecuanimidad: Cualidad que presupone pleno dominio

de la razón y las emociones para observar, registrar,

analizar y escribir con serenidad y equilibrio el contenido

informativo. Aquí entraría un criterio insoslayable: el

examen cuidadoso de las consecuencias previsibles a

partir de la difusión o no del hecho noticioso.

f) Espíritu de Justicia: Virtud deseable del informador que lo

inclina en su cotidiano quehacer a “dar a cada uno lo que

corresponde o pertenece”, de acuerdo con la acepción de

justicia contenida en el Diccionario de la Real Academia

Española de la Lengua. Ello puede entenderse como la

entera disposición periodística a la búsqueda de lo veraz,

lo correcto, lo bueno y lo justo al momento de reflejar la

realidad social.

21

4. Compromiso de Integridad profesional

Suma de valores tales como la rectitud, la honradez, el

profesionalismo y la probidad, entre otros, que un ser humano

hace suyos para responder de manera asertiva y ética a la

realidad que lo circunda; este conglomerado valórico cobra

cuerpo en la medida que el periodista rechaza posturas

fragmentarias, parciales o interesadas en la cobertura

informativa que pudieran comprometer su independencia o

poner en riesgo la veracidad informativa.

Para lograr tales afanes, no pueden perderse de vista los

siguientes valores:

a) Profesionalismo: Involucra la permanente voluntad

por fomentar el cultivo, la mejora y el desarrollo de

las condiciones de orden técnico, ético y académico

o intelectual, que debieran tener los periodistas en

el ejercicio de sus responsabilidades profesionales.

Porque ser profesional quiere decir comprometerse a

una construcción personal interminable y apelar a un

intachable sentido de responsabilidad de manera que

siempre se procure la más alta calidad y sustento en los

materiales periodísticos.

b) Congruencia: Correspondencia entre los conceptos,

sentires, juicios o valores asumidos públicamente por el

periodista y su conducta profesional en relación con los

públicos, las fuentes informativas y sus colegas.

c) Rectitud: Atributo del informador para enfocar su

capacidad y conocimientos en los fines primigenios del

periodismo22 y en función de los más preciados valores

éticos, sin desviarse frente a posibles conflictos de

interés, todo lo cual le permite obrar de manera justa,

honesta y razonable.

d) Amor propio: Autoreconocimiento de la valía propia

como ser humano y como profesional del periodismo que

se merece el respeto de los otros. Igualmente admite

entenderse como autoestima personal que estimula

al informador no sólo a aceptarse a sí mismo, sino

especialmente a la formación y el perfeccionamiento

continuo, tratando de hacer valer y defender los principios

y aspiraciones que se ha autoimpuesto.

e) Humildad: Aptitud para advertir y reconocer tanto las

debilidades en la formación técnica o de cualquier otra

índole como los equívocos en el quehacer profesional,

al grado de aceptar y tolerar la crítica o la propuesta, y

actuar de forma responsable frente a ello. Por desgracia

no es infrecuente la queja de que los periodistas, quizás

por arrogancia, rara vez aceptan reconocer o rectificar

públicamente sus errores en el manejo de la información.

El hacerlo sin ambages señalaría una franca muestra

no sólo de responsabilidad sino de humildad que lo

encauzaría a ganar credibilidad.

Credibilidad: Ansiada cualidad que presupone confianza en

los mensajes mediáticos por parte del público, y ratifica

el compromiso de veracidad informativa asumido por

el periodista en su quehacer cotidiano.

especialistas se trata del principio más codiciado e

importante, pues el que la gente “crea” lo publicado es

un aval a la veracidad y profesionalismo del informador y

del medio: “Toda la técnica de la profesión está dirigida a

De acuerdo con Eudoro Terrones Negrete, la integridad

profesional del periodista contempla una serie de derechos,

Abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones.
Negarse a revelar sus fuentes de información.
Participar en la toma de decisiones en los medios de
comunicación donde labora.
La prohibición a percibir remuneración ilícita e injusta, en forma
4.
directa o indirecta.
Abstenerse de promover intereses privados que estén en contra
5.
del bien común.
Respeto a la propiedad intelectual ajena, recusando el plagio.
6.
El manejo desapasionado y sin prejuicios de los temas
7.
polémicos.
Obligación de comunicar las noticias sin tener en cuenta
8.
intereses subalternos.
No dar tratamiento noticioso preferencial a sus anunciantes ni a
9.
grupos especiales de inetrés.
No distorsionar ni falsear los hechos noticiosos.
10.
Respetar sus compromisos contraídos.
11.
No aceptar ventajas, privilegios u otros incentivos que influyan
12.
en el desarrollo de sus deberes profesionales.
Negarse a aceptar invitaciones que puedan poner en riesgo su
13.
reputación como periodista libre e independiente.
Repudiar el soborno, el cohecho, la extorsión o el chantaje.
14.
No usar su profesión para ejercer presión en provecho suyo
15.
o el de otros. No explotar o negociar para beneficio personal o de

terceras personas noticias no publicadas. 24

5. Afán de Servicio

En este valor subyace la voluntad por ofrecer a la gente

información, reflexiones y comentarios útiles sobre el acontecer

público para que ésta pueda conocer y comprender su entorno,

así como tomar decisiones con conocimiento de causa

encaminadas a elevar su calidad de vida. Adicionalmente, el

afán de servicio implica brindar oportunamente contenidos

periodísticos a las personas sobre sus derechos y obligaciones

con el objetivo de que tengan elementos para ejercerlos como

ciudadanos en beneficio de sí mismos y de su comunidad.

El referido principio rector ha de cobrar su razón de ser si

el periodista perfila los siguientes valores en su conducta

a) Bienestar común: Es quizás uno de las más relevantes

prioridades a las que se debe el ejercicio periodístico.

Si este valor no figura como guía medular carecería de

sentido la actividad informativa y la misma libertad de

expresión. El mayor mérito del periodismo radica en

la utilidad que pueden redituar sus contenidos para el

beneficio colectivo. El bien común, pues, se asocia a

las condiciones y realidades sociales, institucionales,

económicas, políticas, entre muchas otras, sobre las

cuales necesitamos conocer para desarrollarnos como

ciudadanos, para comprender nuestro entorno y para

tomar fundadas decisiones personales y colectivas que

nos posibiliten calidad de vida, es decir: bienestar en

nuestro mundo.

ruta que se traza el auténtico periodismo y ésta siempre

estará vinculada a los intereses, inquietudes, necesidades

y preocupaciones de la gente:

25

La lealtad al bien común es la única

¿A quién debe el periodista su lealtad? En una democracia, el periodista
juega el papel de vigilante. Vela por los intereses del público. Le debe
lealtad al público, no al gremio periodístico, no al gobierno, no a un
partido político. Cuando un periodista enfrenta un dilema ético, debe
preguntarse: ¿a quién le estoy dando mi lealtad si escojo la opción
A en lugar de la B? Si la respuesta no son los lectores, oyentes o

televidentes, el periodista debe volver a considerar su decisión. 26

b) Solidaridad: Concebida como el acompañamiento,

respaldo o adhesión voluntaria y circunstancial a la causa

de los otros, ya sea hacia ciudadanos desconocidos o

hacia colegas periodistas.

c) Cooperación: Contribuir a la satisfacción de las

necesidades de los miembros que integran un organismo,

empresa, gremio o grupo social con el propósito de

procurar su preservación o progreso. Constituye un

ingrediente central encaminado al bienestar común.

d) Perseverancia: Compostura personal enfocada a mantener

la constancia y la firmeza en el actuar para la consecución

de un fin, que en el caso que nos ocupa significa ofrecer

a toda costa el mayor apego a la realidad, la comprensión

del acontecer público y el bienestar de la gente.

e) Amor: Primigenio sentimiento en que se fundan las

relaciones humanas y que idealmente debería representar

un acicate preponderante de la actividad informativa

en la medida de que ésta aspira al entendimiento y a

la comprensión de los fenómenos de interés público

para contribuir a la armonía social. Si el amor es un

sentimiento humano que propende al encuentro con los

otros, al interés por su bienestar, al reconocimiento por

su integridad, a su reconocimiento como seres humanos

con quienes nos interesa compartir y comunicarnos,

entonces el periodismo admite ser llamado un oficio o

profesión cuyo incentivo y motor mayor es el amor a los

otros, en este caso al público lector, oyente, televidente y

cibernauta.

Ética periodística: ¿para qué?

La raíz medular de la ética periodística –nos recuerda Savater

al referirse a la ética sin apellidos– no se vincula precisamente

al deber ser o al deber hacer sino al qué, por qué y para qué se

quiere o se pretende hacer periodismo. Las posibles respuestas

entrañan sin duda un indiscutible germen valoral que nos

obligan a poner sobre la mesa toda suerte de reflexiones

e inquietudes sobre el ser del periodista y el sentido del

Hablar de ética periodística exige clarificar el contorno de los

conceptos y el trasfondo de la realidad informativa e incluso

interrogarnos sobre el sentido de la propia ética en el terreno

¿Para qué proponer la reflexión sobre la misma en el escenario

mexicano si, como dice David Randall, se trata de “esfuerzos

con tantas probabilidades de surtir efecto como los discursos

en defensa del celibato lanzados a un grupo de marineros

recién lanzados a puerto después de seis meses en alta mar”28?

¿Qué sentido tiene reflexionar sobre ética periodística

cuando sabemos que las condiciones laborales y salariales

dejan mucho que desear y en tanto son pocos los directivos

mediáticos que aspiran al impulso de un buen periodismo

centrado más en el servicio que en el mero negocio?

¿Por qué estimular o proponer pautas éticas en un contexto

comunicacional donde aparentemente sigue prevaleciendo una

estructura de control político y económico abocada a mantener

las inercias de antaño?

¿Por qué y para qué promover el debate y el análisis en torno

a la ética periodística si el propio gremio suele ser el primer

escéptico o mostrarse reacio a tales iniciativas, razón por

la cual la autocrítica al quehacer informativo constituye una

ausencia permanente?

Nadie podría negar que la actual naturaleza del periodismo

nuestro ofrece reducidos estímulos para hacer germinar

y progresar los fines embrionarios que se sustancian en la

ética. Sin embargo, justamente en esa realidad irrefutable

radica el mayor desafío que anima la necesaria reflexión

sobre el tema. Porque a fin de cuentas, como sostenía Manuel

Buendía, si realmente busca cumplir su cometido, el periodista

ha de aspirar a ser un movilizador social, un disparador de

revoluciones, un generador de voluntades. Desde esta mirada

29

se asomará siempre, irreductiblemente, el matiz en apariencia

utópico que necesitan el periodismo y la ética para sobrevivir y

evolucionar frente a las tempestades:

En realidad –dice Restrepo– se necesita en esta profesión una dosis
de idealismo tan grande como la del Quijote para mantenerse en la
convicción de que las palabras impresas o habladas de un periodista
pueden cambiar el panorama de injusticia. (…) La utopía del periodista

es una insubordinación, una rebeldía frente a las realidades.30

En efecto: si la utopía se asocia con elevadísimas metas

centradas en el afán por transformar las circunstancias para

fomentar el bienestar y la justicia, entonces no hay duda de

que tanto el periodismo como la ética tienen como gasolina

perenne a la utopía. No es gratuito por ello que David Randall

escribiera: “Nunca he conocido a ningún buen periodista que

no fuera romántico e idealista”.31

podemos sostener que hay suficientes elementos saludables

para fomentar la ética periodística, pese a los supuestos visos

idealistas o inalcanzables que conlleva:

¿Quién puede negarse a proponer y encauzar ciertos criterios,

principios y valores como pautas de conducta para elevar

los estándares profesionales? ¿Quién puede rechazar la

necesidad de arraigar la conciencia de responsabilidad de los

informadores para mantener en pie las auténticas misiones del

periodismo? ¿Quién impugnaría la propuesta de hacer de los

medios periodísticos auténticos promotores de la democracia?

¿Quién se atrevería a cerrar sus oídos a las necesidades de los

públicos en pro de su bienestar?

La ética gravitará siempre en la voluntad humana que se

propone el bienestar anímico y material tanto de la persona

como del conjunto social. Y si esto es precisamente lo que

se propone el periodismo, entonces ambos se hermanan

connaturalmente. En otras palabras: Sin ética es imposible

hacer auténtico periodismo.

En el libro Códigos de ética periodística en México (Fundalex,
Universidad Autónoma de Puebla y Fundación Manuel Buendía, México
DF, 2009) propongo una categorización deontologica de dichos Valores
rectores, a partir de los cuales se desprenden varios principios
editoriales:
a) Veracidad: Veracidad, oportunidad y precisión; Imparcialidad
y equilibrio informativo; Corroboración y cotejo de datos; y
Contextualización periodística.
b) Independencia: Autonomía informativa; Libertad de expresión y
derecho a la información; y Conflictos de interés y relación con las
fuentes.
c) Responsabilidad: Respeto a la vida privada y al honor; Respeto al
anonimato de víctimas y a la presunción de inocencia de personas
inculpadas en procesos judiciales; Respeto a los derechos de la
infancia; Respeto al derecho de réplica y rectificación; y Respeto al
secreto profesional del periodista.
d) Integridad: Distinción entre opinión e información; Distinción entre
publicidad e información; Distinción entre rumor e información;
Respeto a la cláusula de conciencia; Manejo adecuado de encuestas
y sondeos de opinión; Rechazo del plagio; Uso correcto del lenguaje;
Renuncia al amarillismo; y Negativa al pago de información.
e) Servicio: Bien común y servicio a la comunidad; Vías de comunicación
abiertas a la gente; Defensor del público; y Principio de no
discriminación.
2) Para tener una visión más integral de la autorregulación, revísese el
apartado “Autorregulación informativa” que aparece en esta misma obra.
Véanse: Villanueva Ernesto, Autorregulación de la prensa, Miguel Ángel
Porrúa y Universidad Iberoamericana, México DF, 2992; y Martínez Omar
Raúl, Códigos de ética periodística en México, Fundalex, Universidad
Autónoma de Puebla y Fundación Manuel Buendía, México DF, 2009.

Véase Fischer Robert, Valores para pensar, Ediciones Obelisco,
Barcelona, España, 2006. p.19.
A este respecto, vale la pena resaltar lo que refiere Ernesto
Villanueva: “Verdad y veracidad no tienen un significado idéntico
dentro del derecho de la información. (…) En el DRAE, el concepto veraz
significa `Que dice, usa o profesa siempre la verdad. Por tanto, informar
con veracidad sería poner en forma datos y hechos verdaderos. En el
ejercicio periodístico apelar a la verdad es, por supuesto, un principio
deseable, pero no siempre posible. (…) De esta suerte, la veracidad es
un ingrediente esencial de la verdad, pero no es la verdad misma. Acaso
pueda ser la búsqueda de la verdad”. Véase Villanueva Ernesto (Coord.),
Autorregulación periodística y defensoría del lector, Fundación para la
Libertad de Expresión, México DF, 2008. p. 39.
Retomamos los conceptos expuestos en Martínez Omar Raúl, Códigos de
ética periodística en México, Fundalex, Universidad Autónoma de Puebla
y Fundación Manuel Buendía, México DF, 2009. pág. 36.
Ver Eudoro Terrones Negrete, Periodismo ético…, Op. Cit. p. 33.
Citado por Terrones Negrete Eudoro, Periodismo ético… Op. Cit. P. 105.
Ver Ética periodística: El nuevo debate, Un manual para el video,
International Center for Journalist, Fundación Robert R. McCormick
Tribune, Chicago, USA, 1998.
Ver Herrán María Teresa y Restrepo Javier Darío, Ética para… Op. Cit. P.
194.
Ver Martínez Omar Raúl, “Ética periodística. Consideraciones de Javier
Darío Restrepo”, Revista Mexicana de Comunicación, …OJO 2001.
Ibídem.
Ver Herrán María Teresa y Restrepo Javier Darío, Ética para… Op. Cit. P.
190.
Para mayor abundamiento sobre el tema, léase el apartado III de este
libro titulado “Responsabilidades del periodismo”.
Ver Bennett, William J., El libro de las virtudes para jóvenes, Edit.
Vergara, Barcelona, España, 2001. p. 87.
Ver Terrones Negrete Eudoro, Periodismo ético… Op. Cit, p. 37.
Blázquez Niceto, La nueva ética… Op. Cit. pp. 76-78.
Herrán María Teresa y Restrepo Javier Darío, Ética para, Op. Cit. P. 243.
Lambeth Edmund B., Periodismo… p. 48.
Martínez Omar Raúl, “Ética periodística. Consideraciones de Javier Darío
Restrepo”, Revista Mexicana de Comunicación, enero de 2001.
Este principio lo señala la Asociación Interamericana de Prensa que citan
Herrán María Teresa y Restrepo Javier Darío, Ética para… Op. Cit. P. 239.
Terrones Negrete Eudoro, Periodismo ético, p. 33.
Al respecto véase el primer apartado de este libro: “Hacer y repensar el
periodismo”.
Herrán María Teresa y Restrepo Javier Darío, Ética para… Op. Cit. p. 21.
Terrones Negrete Eudoro, Periodismo ético, p. 43 y 44.
Ver Herrán María Teresa y Restrepo Javier Darío, Op. Cit. P. 121.
Virtue, John, “Problemas éticos en América Latina”, Revista Chasqui,
Núm 61, marzo de 1998.
Terrones Negrete, Op. Cit.

28) Randall David, El periodista universal, Siglo XXI editores, Madrid, España,
1999.
29) Algunas interesantes respuestas sobre el para qué sirve la ética
periodística las aportan Niceto Blázquez, Raúl Trejo y Eudoro Negrete
en: Blázquez Niceto, La nueva ética en los medios de comunicación,
Problemas y dilemas de los informadores, Biblioteca de Autores
Cristianos, Madrid, España, 2002. p. XXII; Negrete Terrones Eudoro, Op.
Cit. P. 30-31; y Trejo Delarbre, Poderes Salvajes, Edit. Cal y Arena.
30) Restrepo Javier Darío, El zumbido y el moscardón, Op. Cit. P. 20-21.
31) Randall David, Op. Cit. P. 6.

 
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