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Deontología periodística en México

Omar Raúl Martínez

 

Desde la mirada etimológica, el término Deontología deriva de los

vocablos griegos to deón o deontos, cuyo significado refiere lo que

es conveniente de acuerdo con el deber o la obligación; y logia,

que se relaciona al conocimiento o al estudio.1

Hoy día dicho concepto es manejado para referirse a la moral

profesional o la ética profesional de una determinada actividad

pública o gremio, que suele traducirse o aterrizarse en la

conformación de manuales, tratados o códigos de comportamiento

para guiar sus deberes en busca de bienestar.

supone, pues, la necesidad de plasmar los deberes profesionales

en documentos normativos llamados códigos deontológicos.

En otras palabras, y siguiendo a Fairchild, un código deontológico

es “la ordenación sistemática de principios, normas y reglas

establecidas por un grupo profesional o cuasiprofesional, para

su propia vida con el fin de regular y dirigir la conducta de sus

miembros o sus relaciones mutuas”.

La deontología periodística implica entonces la definición

pública de un conjunto de principios éticos o normas de

conducta acordadas por los integrantes de uno o más medios

de comunicación con la idea de promover la integridad, el

3

profesionalismo y la responsabilidad social de su quehacer.

De acuerdo con Ernesto Villanueva, la deontología cumple un

papel fundamental pues aporta parámetros para elevar la calidad

mediática, contribuye a optimizar el derecho a la información,

difunde y promueve el buen ejercicio periodístico, coadyuva al

seguimiento crítico de grupos sociales en torno a los contenidos,

estimula la independencia del periodismo al sancionar la

injerencia del poder, y protege los derechos de los ciudadanos.

Los códigos deontológicos o códigos de ética periodística

reúnen los principios éticos, reglas de conducta o prácticas

deseables que han de inspirar el comportamiento responsable

de los informadores y de los medios de comunicación, no sólo

para garantizar calidad y prestigio profesionales y, a la postre,

mantener o acrecentar su credibilidad; fundamentalmente

representan un compromiso público de su actuación frente

a la sociedad, frente a los gobiernos, frente a todo tipo de

instituciones u organismos, y frente a sus pares.

Aunque el tema de los documentos deontológicos sobre

periodismo puede resultar una novedad en México, lo cierto

es que data de mucho tiempo atrás en otras latitudes. Niceto

Blázquez6 y otros autores trazan a pinceladas algunas huellas

dignas de tomar en cuenta:

–El Credo de Benjamín Harris, aparecido en Boston en 1690,

es considerado el documento pionero en la materia: refiere los

conceptos de verdad, objetividad y exactitud como elementos

centrales de la información periodística; condena los falsos

rumores y promete rectificar los posibles errores, así como poner

en práctica esos criterios morales.

–En Suecia aparece, en 1901, un código de ética que no capta el

–En 1908 se da a conocer, en Missouri, Estados Unidos, El credo

de los periodistas de Walter Williams, otrora decano de la Escuela

de Periodismo de la Universidad de Missouri.

–El primer Código de ética periodística adoptado por un

organismo estatal fue el de la Asociación Editorial en Kansas,

Estados Unidos, en 1910. Escrito por Willis E. Miller, condena la

mentira como violación de la verdad, se opone a que el reportero

asuma el rol de espías o jueces, rechaza la distorsión y los

rumores. Este documento es reconocido como el más antiguo en

su género porque la responsabilidad periodística es exigida no

sólo a reporteros sino también a editores y publicistas.

–La Federación de Asociaciones del gremio de la prensa

norteamericana adopta, en 1913, el Credo de la Prensa Industrial,

el cual busca la eficacia de los negocios editoriales, además

de legitimar la publicidad pagada que no incurra en engaños y

condenar el soborno.

–El Sindicato Nacional de Periodistas de Francia hace suya, en

1918, la Carta de conducta, que sufre modificaciones en 1938 y en

–La Sociedad Americana de Editores de Periódicos (ASNE)

encomienda a un comité de ética la tarea de redactar el

documento los Cánones del periodismo, que finalmente es

adoptado en 1923. Éste fue el primer código nacional de ética

impulsado y asumido por una organización periodística.

–El mismo año en Suecia salen a la luz códigos deontológicos para

la publicidad y la radiodifusión, entre ellos las Reglas del Club de

–Periodistas finlandeses publican en 1924 un Código de ética.

–A instancias de la Asociación Nacional de Radiodifusión, en 1928

aparece el primer código ético para la radio estadunidense.

En los años siguientes destacan: el Código de ética de la

Asociación Americana de periodistas (1934), el Código de ética

de la prensa de Noruega (1936), el Código de conducta y reglas de

comportamiento de la Asociación de Prensa de Jamaica (1945),

los Cánones de periodismo en Japón (1946), el Código de ética del

Consejo de Prensa de Israel y el Código de conducta profesional

de la Unión Nacional Británica de Periodistas (1946).

Tras la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo tecnológico y

el despegue de la televisión, el sentido de responsabilidad

informativa tendió a acrecentarse y con ello también las

propuestas deontológicas en distintos países. Así, en 1951

aparecen el Código de ética periodística belga con una extensión

de 200 páginas y Polonia adopta un documento deontológico de

inspiración marxista. Ese mismo año, la Sociedad Interamericana

de prensa adoptó como suyo un pronunciamiento sobre la Ética

del Periodismo de Ezequiel P. Paz, director de La Prensa de

Buenos Aires, que resume las normas básicas del quehacer

profesional del periodista.

Con el afán de impulsar el tema, la ONU en 1952 aprueba un

Código Internacional de Ética Periodística que reconoce la libertad

de información como derecho fundamental y columna vertebral

de todas las libertades consagradas en la Carta de las Naciones

Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Dos años más tarde, la Federación Internacional de Periodistas

publica su Declaración de principios sobre la conducta de los

periodistas; en Italia aparecen los Principios de ética profesional,

y en Alemania Federal el Código de ética de la Asociación de

Editores de Revistas. Hacia 1958, la Asociación de periodistas de

Tel Aviv publica sus Reglas de conducta profesional, el Consejo

Nacional de Prensa Alemana promueve su Código de ética

profesional del periodista aleman, y en Nueva Zelanda se hace

público un Código de ética.10

A partir de la década de los sesenta, el avance de los códigos

dentológicos del periodismo en el mundo ha ido en ascenso. A

nivel internacional vale la pena resaltar:

–El Código Latinoamericano de ética periodística, aprobado por la

Federación Latinoamericana de Periodistas en 1979 y que contó

con la participación de 24 organizaciones periodísticas de la

9

región. Fue el primer documento regional de carácter ético.11

–Los Principios Internacionales de Ética Profesional del

Periodista, expedidos por la UNESCO en 1983.

–La declaración de principios éticos sobre la conducta del

periodismo, revisada y vuelta a adoptar por la Federación

Internacional de Periodistas en 1986.

–El código europeo de ética periodística, aprobado con la

resolución 1.003 en el Consejo de Europa en 1993.12

La deontología informativa ha evidenciado importantes avances

en diferentes regiones y países, particularmente Europa y

Estados Unidos, pero es innegable que el tema en América Latina

evidencia serios rezagos. Desde luego, no puede soslayarse el

impulso que la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap)

dio al tema desde 1976, sin embargo se ha ido avanzando a pasos

lerdos. Entre los documentos deontológicos latinoamericanos, y

quizás el pionero en la región, vale destacar el Código de conducta

y reglas de comportamiento escrito y avalado por la Asociación

de Prensa de Jamaica en 1945.13

fue el código de ética que impulsó desde 1962 el primer Colegio de

Periodistas latinoamericano, constituido en Chile en 1958.14

Pero es a partir de fines de los años setenta que comienzan

a moverse mínimamente las aguas, tal vez por la incipiente

influencia de la Felap sobre el tema: en 1978, la Unión de

Periodistas Cubanos aprueba su código deontológico; después

hacen lo propio, por un lado, la Junta Técnica del Periodismo en

Otro documento de relevancia

Panamá (1979) y, por otro, la Federación Nacional de Periodistas

La adopción de códigos de ética periodística en América Latina,

seguiría en los siguientes años por parte del Congreso Nacional

de Periodistas de Brasil (1987),

Periodistas de Perú (1988), el Colegio de Periodistas de Perú

(1990), el Círculo de Periodistas de Bogota, Colombia (1990),

el Colegio de Periodistas de Costa Rica (1991), la Asociación

Nacional de Periódicos de Brasil (1991), la Cámara Venezolana de

la Industria de la Radiodifusión (1993), el Sindicato de Periodistas

del Paraguay (1997), el Consejo Nacional de la Asociación

de Periódicos de Chile, el Colegio Nacional de Periodistas de

Venezuela, y el Instituto de la Prensa Filipino y el Club Nacional de

Prensa de Filipinas.15

la Asociación Nacional de

Ventajas y críticas

Si bien no pocos cuestionan las bondades de los documentos

dentológicos del periodismo, no escapan a la críticas y

descalificaciones. Son varias sus virtudes, entre las cuales

destacan el que orientan sobre las mejores formas de proceder

al momento de elaborar los contenidos mediáticos; suponen

un compromiso público de las responsabilidades éticas de

la profesión periodística, lo cual tiende elevar la confianza y

credibilidad hacia los medios informativos y sus hacedores;

permiten el aprendizaje colectivo de los periodistas mediante el

ejercicio de la revisión, el análisis y la autocrítica de su quehacer;

abren la posibilidad de afianzar y defender los parámetros

internos de actuación frente a la posible intromisión de poderes

externos; implican una carta de intención en busca de mayor

reconocimiento y buscan acrecentar la dignidad profesional de los

Los detractores de los códigos deontológicos, sin embargo,

cuestionan su posible relevancia y utilidad al señalar varias

críticas que podemos resumir de la siguiente manera: a) pueden

significar una restricción a la libertad de expresión, b) su

planteamiento y presentación tan generales o ambiguos vuelven

poco práctico y útil su manejo, y c) carecen de mecanismos

suficientes para darles auténtica efectividad y así velar por su

Para hacer frente a tales señalamientos, Hugo Aznar plantea las

siguientes puntualizaciones:

a) La autorregulación ética no debe ni puede suponer una

restricción de libertad, pues ha de nacer en función del

compromiso libre y voluntario de los propios miembros

del medio informativo. “Un código de ética profesional no

es, pues, una imposición externa de normas que limiten la

libertad del profesional, sino una explicitación de las normas

que regulan y rigen desde dentro una practica profesional y

hacen que ésta exista como tal en la sociedad”.17

b) Para reducir el margen posible de interpretaciones

interesadas, fragmentarias o parciales, es recomendable

introducir en los documentos deontológicos

especificaciones en los casos de las prácticas

controversiales más recurrentes.

c) Una forma de procurar la real aplicabilidad de los códigos

de ética es la búsqueda de equilibrio entre la capacidad

sancionadora de los mismos y el respeto a la libertad de

expresión en una sociedad democrática. Una vía Intermedia,

asegura Aznar, sería buscar sanciones informales o morales,

particularmente las de la opinión pública y el rechazo de

los colegas, lo cual ya instrumentan algunos órganos de

autocontrol o consejos de prensa.

Respecto de este último punto no puede olvidarse que, a

diferencia del orden jurídico, los códigos de ética sólo aspiran

a encaminar y hacer aplicable la conciencia de responsabilidad

profesional.18 En otras palabras: si bien tales mecanismos

autorregulatorios pretenden inspirar un comportamiento

profesional de cara a la ciudadanía, su quehacer no tiene la fuerza

de ley porque se sustenta en una reivindicación ético-moral de

mayor envergadura: en convencimiento, la voluntariedad y el

compromiso de los involucrados.19

Más allá de posibles autocomplacencias deontológicas, resulta

indispensable subrayar algunas consideraciones dignas de tomar

a) Los códigos de ética suelen sostenerse más en las

conductas individuales de los periodistas que en las

decisiones y acciones de las empresas periodísticas. Pero

es preciso enfatizar que no es suficiente la disposición

e iniciativa de los informadores, por muy nobles y

comprometidas que éstas sean. El diseño y concepción

de un formidable texto deontológico puede venirse abajo

si no se sustenta o no tiene el indeclinable respaldo de los

directivos mediáticos.

b) Ningún código de ética puede considerarse un documento

concluido. Necesita estarse enriqueciendo mediante las

experiencias cotidianas, y revisarse periódicamente

de manera que los eventuales problemas, los dilemas

recurrentes y las más apropiadas soluciones puedan ser

contemplados y aprovechados como pautas de conducta

c) El nivel de aplicabilidad y grado de respeto a los códigos

éticos se asocia indefectiblemente a las condiciones

laborales y salariales de los periodistas, así como a la

cultura política de los dueños o directivos de cada medio de

d) Igualmente, la garantía de cumplimiento o eficacia de

un código de ética dependerá de la existencia de algún

mecanismo de seguimiento y aplicación que vele por

su respeto, sea mediante el escrutinio de un consejo

editorial, un defensroe de la audiencia, un consejo de

prensa o un observatorio ciudadano. Sin una instancia que

monitoree, analice, valore y dictamine sobre la calidad de

los contenidos, el documento deontológico corre el riesgo

de convertirse, primero, en un triste recurso ornamental y,

después, en letra muerta.

e) En sí mismos, los códigos constituyen una valiosa

convocatoria al diálogo con los ciudadanos para que éstos

escudriñen, analicen critiquen vigilen y propongan. El

que sirvan o no las normas éticas también depende de la

ciudadanía, no sólo de los medios e informadores. En tal

sentido, Raúl Trejo Delarbre sostiene: “Cuando un medio

cuenta con un código de ética al menos los televidentes,

radioescuchas o lectores tienen un parámetro para

determinar su congruencia con las reglas y los principios que

dice respetar”.20

Los códigos de ética periodística no son la panacea frente

a las irresponsabilidades, los excesos o las inepcias de los

medios de comunicación, pero pueden contribuir a guiar el

trabajo de los periodistas.

Quizás adolezcan de ciertas fragilidades, pero las ventajas

pueden ser mayores si hay verdadera voluntad de trascender

los meros propósitos retóricos u ornamentales.

Ética y deontología: una aproximación

Tema recurrente en los ámbitos académicos, la ética y

la deontología periodísticas constituyen una asignatura

insuficientemente explorada, analizada y desarrollada en los

medios de comunicación mexicanos. Ha pasado de ser un

tema tabú a posicionarse en un asunto que motiva las más

sesudas elucubraciones… que en no pocas ocasiones la realidad

desmiente. Raúl Trejo Delarbre lo expresa sin tapujos:

Abundan los periodistas que, cuando incursionan en terrenos de la

academia o aparentemente reflexionan en voz alta, reivindican el

periodismo de investigación o reprueban el sensacionalismo y el

escándalo. Pero a la primera oportunidad publican informaciones

que son resultado de filtraciones y se ensañan al dar a conocer

detalles de la vida privada de personajes cuya notoriedad les

aseguran primeras planas y amplia cobertura en la televisión y la

Durante décadas, la ética periodística no significó un tema

relevante que atrapara la preocupación de los periodistas ni de

los directivos de los medios mexicanos. Habría que remontarse al

siglo antepasado para asomarse a los motivos de tal soslayo.

Retrospectiva mínima

Aunque desde 1872 inicia en México la creación de organizaciones

periodísticas, lo cierto es que se arroparon más bajo un cariz

político e ideológico que laboral o de afanes profesionalistas.

Lo anterior, por supuesto, respondía a la circunstancia histórica,

pues paralelamente –entre las dos últimas décadas del siglo

XIX y la primera del XX– surge un modelo de dádivas a los

periódicos “obedientes” al gobierno, y de persecución y supresión

de la prensa opositora a la dictadura de Porfirio Díaz. Ese mismo

esquema de control perfeccionado, de acuerdo con José Carreño

Carlón, se instaura a partir de los años veinte con el México

posrevolucionario y perdura hasta mediados de la década de los

En tal contexto, a lo largo de ese largo periodo, el asunto de

la responsabilidad y la ética periodística ni siquiera se citaba

Quizás un primer guiño del tema comenzó darse

con la creación, primero, de la Unión de Periodistas Democráticos

en 1975, y un año más tarde, con el nacimiento de la Federación

Latinoamericana de Periodistas. Dichos organismos patentizaron,

así fuese tenuemente, la necesidad de velar por la integridad

personal, profesional y moral de los informadores.

Un suceso que comienza a fracturar el modelo de subordinación

de la prensa mexicana a su gobierno, lo representa la expulsión,

en julio de 1976, de Julio Scherer y su equipo directivo del

periódico más importante de aquella época, Excelsior, debido a

argucias tramadas por el entonces presidente de la República,

Luis Echeverría. Este hecho no sólo desencadenó una etapa de

recomposición –todavía en marcha–

gobierno, sino que a la postre indujo un paulatino cambio en la

prensa mexicana cuyo reflejo en términos profesionales y éticos

se manifiesta más abiertamente a partir de los años noventa.

Los primeros pasos públicos en materia de deontología

informativa se dan en 1992 cuando el diario Unomásuno propuso

la creación de un defensor del lector, aunque no se habló de un

código ético. (Aquí es preciso resaltar que si bien los empresarios

de la radio y la naciente televisión se dieron a sí mismos un

código de ética desde 1951 y que supuestamente se actualizó en

en las relaciones medios-

1967, resulta curioso que nos hallamos enterado recientemente

de tal documento no por iniciativa de sus “propulsores” sino

gracias a las afanosas pesquisas del reportero Jacinto Rodríguez

Munguía en el Archivo General de la Nación. Es decir, más que

un compromiso público, se trató de una pauta autoasumida de

conducta sólo frente al gobierno).

A los ojos de la sociedad civil fue hasta junio de 1993 cuando el

periódico El Economista instituyó a un Ombudsman y presentó un

primer esbozo de código deontológico en México. Posteriormente

publicarían el suyo El Norte de Monterrey también en 1993 y El

Nacional –ya desaparecido– en agosto de 1994. Poco después

harían lo propio Novedades –también hoy fuera de la circulación–,

El Financiero, Reforma, El Universal, entre otros.

A lo largo de 1994 –un periodo particularmente complejo y

efervescente por el levantamiento zapatista en Chiapas, los

asesinatos políticos y el proceso electoral–, la mayor insistencia

de que los medios informativos deberían ser más responsables y

discutir la necesidad de asumir códigos de ética, corrió a cargo no

de un periodista, editor, analista o estudioso del periodismo, sino

de un secretario de gobernación: Jorge Carpizo.27

La Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión

(Cirt), que agrupa a casi todos los medios electrónicos privados

del país, respondió entonces con pautas mínimas de conducta.

Pero fue en julio de 1998 cuando los empresarios mediáticos, tras

celebrar un simposio para contraponerse a la idea de legislar en

26

materia de derecho de la información, presentaron su respectivo

código ético. En realidad, tal propuesta deontológica fue hecha

con el ánimo de sugerir que la autorregulación ética puede excluir

cualquier reforma legislativa en materia de medios, pues ésta

les podría resultar contraproducente a sus intereses políticos y

El grueso de los códigos deontológicos mexicanos, entonces, han

sido diseñados en la última década. Pese a ello, la preocupación

ética de los medios y periodistas expresada en documentos de

ese carácter en nuestro país continúa siendo mínima: existen 730

canales de televisión, 1488 emisoras de radio y alrededor de 340

periódicos y unas 460 revistas29… y sólo se conocen cerca de 30

códigos éticos de medios de comunicación.

Si, como decíamos antes, la existencia de códigos deontológicos

supone la voluntad para afianzar el sentido de responsabilidad

mediática, el compromiso de ejercer un periodismo equilibrado y

honesto, el avance de las relaciones poderes-medios-sociedad, y

el grado de evolución ética del gremio informativo… entonces el

panorama evidencia que falta un amplio trecho por recorrer.

Y es que, por momentos, pareciera que a la ética periodística en

México se le empieza a mirar más como un recurso ornamental

que hermosea la imagen de independencia, crítica y prestigio de

un medio y sus hacedores, que como un real mecanismo para

profesionalizar y dignificar la labor informativa. A este respecto,

Raúl Trejo Delabre plantea:

En nuestros medios hablar de ética se ha convertido en una pose

que aparentemente engalana los pies de foto y las declaraciones en

esos mismos medios. Pero no ha llegado a constituir un parámetro

en el comportamiento de las mayoría de las empresas y de no pocos

profesionales de la comunicación.

30

De hecho, los existentes códigos de ética en México han emergido

por alguna o algunas de las siguientes razones:

a) Por el convencimiento de dueños mediáticos y editores

al considerarlos como un reclamo social encaminado a

elevar la calidad periodística.

b) Por la necesidad de ofrecer a la sociedad una cara

de responsabilidad e independencia, con lo cual

se pretender afianzar o ganar credibilidad que a la

postre tiende a traducirse en inversión generadora de

mayores recursos económicos.

c) Por la conveniencia de asumirlos como un camino

para suplantar, excluir, eludir o evitar una reforma

legislativa en materia de derecho de la información.

Ello debido a que la legislación vigente posibilita

condicionamientos mutuos entre directivos de los

medios de comunicación y el poder público.

d) Por la crítica y exigencia de representantes del

gobierno para que los medios eviten caer en

distorsiones informativas. Y es que, realmente, el

tema de la ética periodística capta mayor atención y

salta a la palestra pública con mayor énfasis cuando

emerge una efervescente coyuntura política, o cuando

los medios despliegan trabajos periodísticos de mayor

hondura crítica que molesta a los poderes, o cuando

al hacerlo o para hacerlo incurren en prácticas o

irregularidades o conductas o artificios francamente

reprobables.

Han sido cuatro las razones principales por las cuales en México

se ha incurrido en conductas alejadas de toda integridad,

responsabilidad y profesionalismo:

1) La corrupción, propulsada por los distintos segmentos

gubernamentales y aceptada e incluso a veces exigida por

los propios periodistas.

2) Los conflictos de interés que se dan cuando el informador

o el medio está vinculado con alguna de las partes de la

noticia para sacar ventaja de su posición, razon por la cual

no puede mantener el equilibrio periodístico deseable.

3) La espectacularización de la noticia, hecho que ocurre

cuando –por buscar el más alto rating o mayor circulación–

los medios sobredramatizan, simplifican, descontextualizan

y desnaturalizan el sentido real e impacto de la noticia. En

tal sentido acierta Victoria Camps al señalar que “cuando

nadie fija criterios sobre lo que conviene o no conviene

hacer desde el punto de vista de la ética, de la justicia o de

la democracia, quien decide es el mercado”.

4) La incompetencia, el descuido o la improvisación (en otras

palabras: la falta de profesionalismo) de los periodistas,

que se patentiza en la recurrencia de errores por no

corroborar hechos o contrastar fuentes, en ocasiones dada

la premura, con lo que se generan desmentidos o réplicas o

contrarréplicas.

De las cuatro razones citadas, dos son las más arraigadas

o enquistadas en el cuerpo histórico-social del periodismo

mexicano: la corrupción y los conflictos de interés.

La forma más popular y coloquial de referir la corrupción

periodística es, sin duda, el embute o chayo o sobre.

La historia de la prensa en México no puede disociarse del

embute. Éste es la prebenda entregada –en efectivo en especie–

a los periodistas y medios para evitar criticar o conseguir elogios.

Es por sí mismo un salvoconducto hacia la autocensura.

El embute –sostiene Jaime Avilés– nace y persiste en la

antidemocracia y prospera y tiene sentido en una sociedad

¿Cómo se ha expresado tal prebenda a los periodistas y a los

propios medios informativos en los hechos?

a) Algunos jefes de prensa incluyen en sus nóminas a

reporteros cual si fuesen empleados o “asesores”.

b) En giras o actos oficiales, discrecionalmente se les entregan

sobres con dinero por concepto de ayudas o supuestos

c) En ocasiones a algunos reporteros o columnistas les envían

dinero a sus propias casas o directamente les depositan en

sus cuentas bancarias.

d) Se les solicita a los medios publicar propaganda política

disfrazada de información.

e) A los directivos de medios, eventualmente les llegan a

—Apoyos financieros.

—Créditos bancarios altamente favorables.

—Subsidios encubiertos por dotación de insumos tales como

papel o electricidad.

—Estímulos o facilidades fiscales o condonación de deudas

acumuladas al seguro social.

34

La otra arista ética sensible en México lo constituyen los

conflictos de interés, que algunos consideran como una variante

suave y enmascarada de corrupción, y que se manifiesta, por

a) Un jefe de información o un reportero de un diario maneja

las relaciones públicas de cierto funcionario o de algunos

b) Un reportero o columnista menciona recurrentemente a

determinado político porque éste le ayudó a conseguir la

licencia para un negocio.

c) Algunos periodistas rechazan dinero de políticos, pero

admiten ser sus asesores.

d) No pocos reporteros funcionan paralelamente como

vendeplanas publicitarias de las fuentes informativas que

tienen asignadas con la idea de complementar sus bajos

salarios. Vale señalar que esto y los abiertos actos de

corrupción es solapado por los empresarios mediáticos

porque ello significa una compensación de los bajos sueldos

que pagan a sus empleados.

35

En el periodismo mexicano –asegura Riva Palacio– no existen
criterios que impidan los conflictos de interés, lo que representa
un dique a la libertad de información y estimula la autocensura.
También promueven la autocensura los ingresos de publicidad y
los sobornos a los periodistas, pues si bien quienes los otorgan
jamás exigirán la retribución en efectivo, llegan a pedir a cambio la

supresión o falsificación de la noticia.

36

Resulta inobjetable que el ejercicio crítico de las libertades

informativas ha venido desplegándose en los últimos tres lustros

y que cada vez varios medios intentan luchar contra las añejas

estructuras y vicios de sometimiento.

dejar de reconocerse que prácticas como las referidas siguen

presentándose en distintos círculos de la comunicación nacional,

Sin embargo no puede

Hasta aquí una pregunta se antoja indispensable: ¿por qué México

sufre un severo rezago y llega tardíamente a la discusión, la

reflexión y la instrumentación en materia ética y deontológica

Si hacemos un breve repaso, es posible subrayar las siguientes

1) Por la prevalencia de un sistema político que impuso una

rígida estructura de control tendiente a cooptar e inhibir

el desarrollo periodístico, y cuya inercia de sujeción y

beneficios recíprocos aún persiste y no logra disolverse

2) Por la ausencia de una tradición, un hábito, una práctica

necesariamente obligada para el gremio periodístico: el

ejercicio de la crítica y la autocrítica a los comportamientos,

las decisiones y los quehaceres desarrollados en la tarea

3) Por el poco e intermitente interés en torno al tema, así como

por la carencia de parámetros éticos y, por ende, de estudios

serios sobre el tema que se traduzcan en una bibliografía

nacional suficiente, lo cual no es sino la suma global y el

reflejo de las dos razones precedentes. (La bibliografía

mexicana al respecto es reciente y ha sido obra de cuatro

periodistas y dos académicos: Julio Scherer, Raymundo Riva

Palacio, Rafael Rodríguez Castañeda, Víctor Roura, Raúl

Trejo Delarbre y Ernesto Villanueva). 37

4) Por la falta de auténtica disposición de los propietarios

y editores de los medios informativos para impulsar la

capacitación y la profesionalización periodísticas.

5) Por la preeminencia de una concepción periodística centrada

en el negocio que acoge la información como mercancía, con

lo cual se prioriza el rating o la circulación por encima del

servicio público.

6) Por el desencanto o la desesperanza de una parte del

gremio periodístico ante su incapacidad para hacer frente

a los mecanismos de control por parte del poder político y

7) Por las irrisorias e injustas condiciones salariales y laborales

en que los informadores ejercen su profesión. En tal sentido,

Javier Darío Restrepo anota que “la gran revolución ética y

de calidad del periodismo latinoamericano se hará cuando

se introduzcan criterios de justicia para los salarios de los

Esta breve aproximación a los aspectos subyacentes del rezago

de la ética y la deontología periodísticas en nuestro país, puede

generar dos miradas: que la situación referida es atribuible a la

falta de iniciativa, profesionalismo y arrojo de los periodistas en

lo personal, y de los dueños mediáticos en lo colectivo; o que tal

realidad no es sino un espejo del sistema político mexicano y su

propio rezago democrático.

El reto del periodismo en México, entonces, se advierte inmenso:

es del mismo tamaño que sus vicios cobijados por una estructura

política que no acaba de extinguirse. Por lo pronto, algunos

reporteros y editores ya han comenzado a tomar cartas en el

asunto ético y deontológico.

39

Principios éticos en los códigos

¿Cuáles son los valores o principios rectores más frecuentes

e importantes que aparecen en los códigos deontológicos de

periodismo a lo largo y ancho del mundo?

Antes de aventurar una respuesta, conviene asentar lo siguiente:

quizás una de las razones por las que no pocos detractores

o suspicaces deslegitiman la utilidad y viabilidad de tales

documentos autorregulatorios, radica en que suelen congregar

un cúmulo de conceptos difíciles de asir a la realidad. Es decir,

con mucha frecuencia los códigos éticos se reducen a un

ambiguo enlistado de principios de buena voluntad. Vistos así,

no es gratuito que David Randall los califique como “esfuerzos

con tantas posibilidades de surtir efecto como los discursos en

defensa del celibato proferidos a un grupo de marineros recién

lanzados a puerto después de seis meses de alta mar”.

Frente a ello no planteamos omitir una clara definición de valores

o principios éticos que representen la columna vertebral de un

código deontológico, sino la necesidad –e incluso exigencia–

de que éstos se asocien, clarifiquen y aterricen

de prácticas más convenientes, conductas deseables o formas

responsables de hacer el periodismo que se propone el medio de

comunicación en cuestión.

Dicho lo anterior –y basándonos en las aportaciones de Javier

y Ernesto Villanueva

42

en la revisión de los códigos de ética mexicanos–, consideramos

que son cinco los valores rectores más importantes en la

deontología periodística:

1. Veracidad: Ajustarse profesionalmente y en todo momento

a la fidelidad de los hechos con exactitud, equilibrio

e imparcialidad, apoyándose en la corroboración y la

contextualización de las informaciones.

2) Independencia: Postura deseable para describir, analizar

y comentar los sucesos con veracidad y responsabilidad,

evitando la intromisión de actores políticos y económicos en

el proceso informativo.

3) Responsabilidad: Capacidad de dar respuesta racional ante

las implicaciones o decisiones o consecuencias de las

tareas informativas, anteponiendo el beneficio social y los

valores democráticos.

4) Integridad profesional: Suma de valores tales como la

honestidad, la rectitud, la honradez, el profesionalismo y

la probidad, entre otros, que un ser humano hace suyos

para responder de manera asertiva y ética a la realidad que

lo circunda; este conglomerado valórico cobra cuerpo en

la medida que el periodista y el medio rechazan posturas

interesadas en la cobertura informativa que pudieran

44

comprometer su independencia o poner en riesgo la

5) Servicio: La voluntad por ofrecer a la gente información,

reflexiones y comentarios útiles sobre el acontecer público

para conocer y comprender su entorno, así como para tomar

decisiones con conocimiento de causa que tiendan a elevar

su calidad de vida.

De estos cinco valores rectores a su vez se desprenden, de cada

uno, diversos principios editoriales o parámetros deseables de

conducta. Así, nuestra propuesta de categorización queda inscrita

de la siguiente manera:

a) Veracidad, oportunidad y precisión.

b) Imparcialidad y equilibrio informativo.

c) Corroboración y cotejo de datos.

d) Contextualización periodística.

a) Autonomía informativa.

b) Libertad de expresión y derecho a la información.

c) Conflictos de interés y relación con las fuentes.

3) Responsabilidad:

a) Respeto a la vida privada y al honor.

b) Respeto en la cobertura sobre temas de procuración de

c) Respeto al derecho de réplica y rectificación.

d) Respeto al secreto profesional del periodista.

e) Respeto a los derechos de la infancia.

4) Integridad profesional:

a) Distinción entre opinión e información.

b) Distinción entre publicidad e información.

c) Distinción entre rumor e información.

d) Respeto a la cláusula de conciencia.

e) Manejo adecuado de encuestas y sondeos de opinión.

f) Rechazo del plagio.

g) Uso correcto del lenguaje.

h) Renuncia al amarillismo.

i) Negativa al pago de información.

a) Bien común y servicio a la comunidad.

b) Vías de comunicación abiertas a la gente.

c) Defensor del público.

d) Principio de no discriminación.

Resulta obvio señalar que los principios editoriales o prácticas

convenientes contempladas bajo el cobijo de cada uno de los

valores indicados, deben ser suficientemente explícitos en el

cuerpo del documento deontológico para evitar interpretaciones

parciales, sesgadas o erróneas.

45

1) La palabra Deontología fue acuñada por Jeremy Bentham (1748-
1832), autor de Deonthology os Sciencie of Morality. Al analizar dicho
concepto, Brajnovic sostiene que éste es hoy sinónimo de ética
profesional: “En resumen: la moralidad, el honor, la honestidad, el deber,
la responsabilidad y la obligación de conciencia referidos al ejercicio de
una profesión, se denomina Deontología o Ética profesional”. Tomado de
Uribe Hernán, Ética periodística en América Latina, UNAM, México DF,
1984. pág. 21.
2) Bettetini, Gianfranco y Fumagalli Armando, Lo que queda de los medios.
Ideas para una ética de la comunicación, Edit. EUNSA, Navarra, España,
2001.
3) Citado por Villanueva Ernesto en Autorregulación de la Prensa, Edit.
Miguel Angel Porrua / UIA, México DF, 2002. Pág. 33.
Villanueva Ernesto y Aznar Hugo, Deontología y autorregulación
4)
informativa, Fundación Manuel Buendía / UIA, México DF, 2000.
5) Blázquez Niceto, La nueva ética en los medios de comunicación, Edit.
Biblioteca de autores cristianos, Madrid, España, 2002.
Blázquez Niceto, Op. Cit. Pp. 138-139.
6)
7) Dicho credo se expresaba con el estilo de una profesión religiosa:

“Creo en la profesión del periodismo.
—Que el periódico público es la confianza y que todos los que se unen
a través de él con gran responsabilidad son dignos de confianza ante el
público, y que la aceptación de cualquier otro servicio preferencial al
servicio del público es traicionar a esta confianza.
—Que el pensar y escribir con claridad, exactitud y propiedad son
cualidades fundamentales del buen periodismo.
—Que el periodista debería escribir solamente aquello que de corazón
cree que es la verdad.
—Que la supresión de noticias por cualquier pretexto que no sea el bien
de la sociedad es insostenible.
—Que nadie debe escribir como periodista aquello que no podría decir
como caballero, y que el soborno por razón de propias ventajas se ha
de evitar tanto como el soborno por razón de ventajas ajenas. Y que la
responsabilidad personal no debe condicionarse a instrucciones ajenas o

a los intereses de otros.
—Que los anuncios, las noticias y las columnas editoriales deben servir
por igual a los mejores intereses de los lectores. Que la única norma ha
de ser la de servir con la verdad y la claridad. Que la prueba suprema del
periodismo es la medida de su servicio público.
—Que el periodismo de mayor éxito –y el que con mayor razón se lo
merece— es el que teme a Dios y honra al hombre; el que se mantiene
con inquebrantable independencia; insobornable por el orgullo, la envidia
o el poder; constructivo y tolerante, pero sin descuidos; autocrítico,
paciente y siempre respetuoso con los lectores y nunca desaprensivo;
el que es sensible con presteza ante la injusticia; el que no se deja
arrastrar por reclamo del privilegio o del esnobismo; el que intenta
dar a todo ser humano una oportunidad y siempre la misma a todos,
en la medida en que la ley, las recompensas y el reconocimiento de la
fraternidad humana puedan así reconocerlo; el que es profundamente
patriótico en la medida en que promueva con toda sinceridad la buena
voluntad internacional y sea la base de la unidad para la convivencia
universal. Creo en el periodismo de la humanidad y para el mundo de
hoy”. Vease Ibid. Pag. 119.

8) De acuerdo con Eugene Goodwin, años más tarde otras organizaciones
nacionales de Estados Unidos adoptaron códigos, entre ellas la
Sociedad Profesional de Periodismo Sigma Delta Chi (SPJ-SDX) y
la Asociación de Directores de Notieros de Radio y Televisión. La
ASNE, en 1975, Reestructuró sus cánones y desde entonces los
tituló: “Declaración de principios de la Sociedad Americana de Editores
de Periódicos”. Véase Goodwin H. Eugene, A la búsqueda de una ética en
el periodismo, Ediciones Gernika, México DF; 1987. pp. 25-26.
Dicho texto, según Emilio Flippi, se ha convertido en un clásico del
9)
periodismo interamericano y dice así:
Informar con exactitud y con

verdad; no omitir nada de lo que el público tenga derecho a conocer; usar
siempre la forma impersonal y culta sin perjuicio de la severidad y de la
fuerza del pensamiento crítico; desechar los rumores, los “se dice” o “se
asegura” para afirmar únicamente aquello de que se tenga convicción
afianzada por pruebas y documentos; considerar que es preferible la
carencia de una noticia a su publicación errónea o injustificada; cuidar
de que en las informaciones no se deslice la intención personal del que
la redacta, porque ello equivaldría a comentar, y el reportero o cronista
no debe invadir lo reservado a otras secciones del diario; recordar
antes de escribir cuán poderoso es el instrumento de difusión de que
se dispone, y que el daño causado al funcionario o al particular por la
falsa imputación no se repara nunca totalmente con la aclaración o
rectificación caballerescamente concedida; guardar altura y y serenidad
en la polémica y no afirmar nada que haya de tener que borrar al día
siguiente; y, por último, inscribir con letras de oro en lugar preferente
y bien a la vista sobre las mesas de trabajo, las palabras de Walter
Williams, insigne hombre de prensa norteamericano: “Nadie debe escribir

como periodista lo que no pueda decir como caballero”. Tomado de Flippi
Emilio, La profesión de periodista. Una visión ética, Edit. Atenea, Chile,

1991. pp. 177-178.

10) Blázquez Niceto, El desafío ético de la información, San Esteban-
Edibesa, Madrid, España, 2000. pág. 77.
11) Uribe Hernán, Ética periodística en América Latina, UNAM, México DF,
1984. pág. 71.
12) Ver Aznar Hugo, Ética y periodismo, Piados, Barcelona, España, 1999.
pág. 165-171; y Villanueva Ernesto, Deontología informativa, UIA /
Pontificia Universidad Javeriana, México DF;1999.
13) Tal dato lo aporta Niceto Blázquez en El desafío… Op. Cit. Pag. 76.
Asimismo, el documento lo recuperan Hernán Uribe, en su obra citada, y
Ernesto Villanueva en Deontología informativa, Op. Cit.
14) Uribe Hernán, Ibid.
15) Ver Villanueva Ernesto, Ética de la radio y la televisión, UIA / UNESCO,
México DF, 2000; Villanueva Ernesto, Deontología… Op. Cit,; y Uribe
Hernán, Op. Cit.
16) Aznar Hugo, “El debate en torno a la utilidad de los códigos
deontológicos del periodismo”, Revista Analisi Núm. 20, Madrid, España,
1997.
17) Ibidem.
18) Hugo Aznar precisa a este respecto: “De todas maneras, en el ámbito
profesional de la comunicación, la mejor garantía para la efectividad de
los códigos es siempre la identificación de los propios profesionales (lo
que en ciertos casos pasa precisamente por su aceptación voluntaria y
por la ausencia de medidas coercitivas fuertes). Es cierto que siempre
habrá `profesionales` que aprovechen la ausencia de medidas coercitivas
como vía de enriquecimiento o promoción rápidas. Pero esta clase de
personas va a existir siempre, existan o no los códigos”. Ibidem.
19) Consideramos que la ética no puede remplazar a las leyes pero si
posibilita acudir cada vez menos a ellas. A este respecto vale la pena
recordar que la ética como tal podría considerarse un ingrediente
sustantivo o una importante herramienta de apoyo para coadyuvar al
cumplimiento de la norma jurídica. Pero si bien es cierto que existen
ciertas afinidades e incluso ocasionalmente suelen confundirse sus
límites y alcances formales, ética y derecho tienen claras diferencias,
sostiene Ernesto Villanueva: mientras que las normas éticas son
autónomas (creadas por quien debe cumplirlas), las normas jurídicas
son heterónomas, pues hechas por sujetos distintos a quienes se
dirigen; mientras que las normas éticas son imperativas (definen
obligaciones), las normas jurídicas son imperativo-atributivas, pues
ofrecen derechos y obligaciones; mientras que las normas éticas son
voluntarias (se cumplen por convencimiento personal), las normas
jurídicas son coercitivas, pues imponen castigos a su incumplimiento;
mientras que las normas éticas son particulares (dirigidas a un cierto
gremio), las normas jurídicas son generales, pues están dirigidas a toda
la sociedad; y mientras que las normas éticas buscan la dignificación
y reconocimiento social, la normas jurídicas buscan asegurar las
condiciones para la convivencia social pacífica. Véase Villanueva

Ernesto, “Ética en el ejercicio periodístico: caminos que se bifurcan”,
Revista Mexicana de Comunicación Núm. 45, Agosto de 1996. pág. 20.

20) Trejo Delarbre, Raúl, Poderes Salvajes, Ediciones Cal y Arena, México
DF, 2004. pag. 170.
21) Trejo Delarbre, Raúl, ·Desencuentro crónico”, revista Etcétera, febrero de
2006. pp. 47-50.
22) Méndez Rogaciano, Et Al, en Para conocer a los periodistas, Deber y
Uníos, México DF, 1997.
23) Carreño Carlón, José, “Un modelo histórico de la relación entre prensa y
poder en México en el siglo XX”, en Revista Mexicana de Comunicación
núm. 62, abril de 2000.
24) Vale la pena resaltar que, de acuerdo con la minuciosa investigación
de Jacinto Rodríguez Murguía, en los cerrados espacios del poder y
los radiodifusores desde 1951 y luego a partir de 1967, se hizo circular
un código de ética para dichos medios. Tocaremos en tema en las
siguientes páginas. Véase Rodríguez Munguía, Jacinto, La otra guerra
secreta. Los archivos prohibidos de la prensa y el poder, Debate-Random
House Mondadori, México DF, 2007.
25) Méndez Rogaciano, Op. Cit.
26) La versión de diciembre de 1967 del referido código de ética, fue firmada
por autores y compositores, autores de teatro, publicistas, intérpretes
y los representantes de la radio y la televisión. Entre los compromisos
de los medios electrónicos que constituirían sus pautas de conducta,
Jacinto Rodríguez rescata los siguientes:

a) Lenguaje. Se evitarán las expresiones procaces, obscenas, de doble
sentido, intencionales y consonantes sustitutivas de las mismas y las
expresiones procedentes de la jerga hablada por el hampa.
b) Matrimonio, Familia, Hogar. Se mantendrá una invariable práctica de
respeto para el matrimonio como fundamento de la familia, del hogar
y de la sociedad. En consecuencia se evitarán temas que estimulen
ideas o prácticas contrarias a la unidad familiar y a la integridad del
hogar.
c) Delitos o actos censurables. Se evitará la descripción detallada de
las técnicas de ejecución de un delito y de escenas de violencia, de
crueldad, aun cuando como final o moraleja de un episodio o de una
serie se llegue al castigo del culpable. En especial se eliminarán
los temas o escenas que traten sobre cualquiera de las cuestiones
sexuales consideradas como delitos o violación a los reglamentos
de policía, y se proscribirán también todas las escenas sexuales
o de cualquier índole que ataquen la moral pública y las buenas
costumbres y los diálogos que motiven apetitos sexuales.
Se prohíbe el suicidio como solución de cualquier problema.
Cuando se trate de televisión, se evitará todo close up o toma, que
concentre la atención en forma intencionada e inconveniente. En
radio se suprimirán inflexiones de la voz o efectos de sonido que
sugieran o claramente definan situaciones morbosas.
d) Programas infantiles. Éstos estarán inspirados en temas edificantes,
capaces de estimular su inteligencia, de despertar en ellos

sentimientos e ideales de moralidad, trabajo, respeto a la sociedad y
patriotismo.

Religión. Se evitará todo tema que pueda lesionar la libertad humana
de profesar cualquier creencia religiosa y, aun cuando el tema se
trate en forma polémica, esto deberá hacerse respetuosamente.
f) Discriminación. Se proscriben cualesquiera actitudes que tiendan a
considerar inferior a un pueblo, a una sociedad o a una persona por
motivo de raza, credo, condición cultural o económica o nacionalidad.
g) Noticias. Las noticias que se transmitan deberán proceder de
fuentes informativas solventes o, cuando menos, deberán tener una
razonable comprobación, evitándose detalles morbosos, alarmantes o
sensacionalistas que no sean necesarios; asimismo serán imparciales
en cuestiones políticas, religiosas o deportivas, y no deberán
contener injurias, difamaciones, calumnias o alusiones vejatorias o
maliciosas.
h) Anuncios prohibidos. Se eliminarán de las transmisiones los anuncios
o publicidad de artículos destinados a la higiene íntima y a la
curación de enfermedades conocidas como secretas. Anuncios en
que aparezcan personas desnudas o semidesnudas de cualquier sexo,
salvo en escenas deportivas desprovistas de toda mala intención;
anuncios con escenas de bailes o fiestas que sean morbosas
o impropias para la juventud; anuncios con escenas amorosas,
exageradas, procaces o morbosas.
i) Novelas. La Comisión de Ética podrá aprobar la transmisión
de novelas o episodios cuyos temas o escenas no se apeguen
estrictamente a este Código. Cuando éstas sean consideradas de
alto valor artístico y literario que contribuyen a enriquecer la cultura
del pueblo, con la única condición de que éstas pasen a horarios
adecuados y que antes de la iniciación de la transmisión se anuncie
que el programa no es propio para niños y jóvenes, en su caso.
Consultar: Rodríguez Munguía, Jacinto, La otra guerra secreta, Edit.

Debate, México DF, 2008. pp. 249-253.
27) Trejo Delarbre, Raúl, Volver a los medios. De la crítica a la ética, Cal y
Arena, México DF, 1997.
28) Martínez, Omar Raúl, “Informar: ¿Derecho público o derecho privado”, en
revista Análisis XXI, diciembre de 1998. pp. 22- 23.
29) Véase Vidal Bonifaz Francisco, Los dueños del cuarto poder, Planeta,
México DF, 2008. pp. 71 y 94; y el Padrón Nacional de Medios Impresos
que la Secretaría de Gobernación ofrece en su dirección electrónica:

http://www.gobernacion.gob.mx/PNMI (Consulta del 14 de

enero de 2009).
30) Trejo Delarbre, Raúl, Volver…, Op. Cit.
31) Camps Victoria, en el libro de Aznar Hugo, Ética y periodismo, Op. Cit.;
véase también, Trejo Delarbre, Volver a los medios, Op. Cit.
32) Así lo define Elias Chávez en el libro Scherer, Julio, Los presidentes,
Grijalbo, México DF, 1896.
Avilés, Jaime Et. Al, Salario mínimo para periodistas, Documentos de la
33)

Revista Mexicana de Comunicación, Fundación Manuel Buendía y Cámara

de Representantes del Distrito Federal, México DF, 1990.

34) Carreño Carlón, José, Op. Cit.; y Riva Palacio Raymundo, en revista Este
País, diciembre de 1991, pág. 40; y revista Este País, julio de 1992, pág.
52.
35) Riva Palacio Raymundo, Más allá de los límites. Ensayos para un
nuevo periodismo, Fundación Manuel Buendía A.C y Universidad
Iberoamericana, México DF, 1999.
36) Riva Palacio, Raymundo, La prensa de los jardines. Fortalezas y
debilidades de los medios en México, Random House Mondadori, México
DF, 2004. p. 26.
37) De Julio Scherer: Los presidentes (Grijalbo, México DF, 1986), El poder.
Historias de familia (Grijalbo, México DF, 1990), y en coautoría con
Carlos Monsiváis, Tiempo de saber. Prensa y poder en México (Nuevo
Siglo Aguilar, México DF, 2003); de Raymundo Riva Palacio: varios
artículos y ensayos en diversas revistas como Revista Mexicana de
Comunicación y Este País, así como los libros Más allá de los límites.
Ensayos para un nuevo periodismo (Fundación Manuel Buendía y
Universidad Iberoamericana, México DF, 1999) y La prensa de los
jardines. Fortalezas y debilidades de los medios en México (Random
House Mondadori, México DF, 2004); de Rafael Rodríguez Castañeda:
Prensa vendida (Grijalbo, México DF; 1993); de Víctor Roura: Cultura
ética y prensa (Paidós, México, 2001); de Raúl Trejo Delarbre: varios
ensayos en la prensa, en la revista Etcétera y varios libros, entre ellos:
Volver a los medios. De la crítica a la ética (Cal y Arena, México DF,
1997), Poderes Salvajes (Ediciones Cal y Arena, México DF, 2004); y de
Ernesto Villanueva: numerosos artículos y ensayos, así como más de 10
libros sobre el tema, entre los que destacan: Códigos europeos de ética
periodística (Fundación Manuel Buendía, México DF, 1996), Deontología
informativa. Códigos de la prensa escrita en el mundo (Universidad
Iberoamericana, México DF, 1999), Autorregulación de la Prensa (Miguel
Angel Porrúa / UIA, México DF, 2002), y Ética de la radio y la televisión
(UIA / UNESCO, México DF, 2000).
38) Restrepo Javier Darío, “Periodista en América Latina”, revista Etcétera,
febrero de 2006. pp. 51-53.
39) Varias de las reflexiones expuestas en este último apartado las retomo
y actualizo de: Martínez Omar Raúl, “Un acercamiento a la ética y la
deontología periodísticas en México”, en Villanueva Ernesto y Aznar
Hugo, Deontología y autorregulación informativa. Ensayos desde una
perspectiva comparada, Fundación Manuel Buendía / UIA / UNESCO,
México DF, 2000. 258 pp.
40) Randall David, El periodista universal, Siglo XX Editora, Madrid, España,
1999. pp. 1212-122.
41) Restrepo Javier Darío, El zumbido y el moscardón, FCE / Fundación
Nuevo Periodismo Iberoamericano, México DF, 2004; Restrepo
Javier Darío y Herrán María Teresa, Ética para Periodistas, Tercer
Mundo Editores, Bogota, Colombia, 1992; Martínez Omar Raúl, “Ética
periodística: consideraciones de Javier Darío Restrepo”, Revista

Mexicana de Comunicación, Enero 2001.

 
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